viernes, 22 de abril de 2011

La mala noche



Ella estaba conmigo y yo con ella, nos fusionamos en lo que pudo confundirse con H2O, pero no era más que un amasijo de lágrimas y gotas de ácido que caen sobre la metrópoli Colombiana.
Casi que podría contarte todo lo que me dijo, que había viajado desde tan lejos solo para traerme noticias tuyas. Noticias que con su llegada empapaban mi ser físico de su expresividad.

Del agua corriente que fluye por ríos y mares, que en su frialdad enferma y mata de hipotermia, y que moja rostros tristes escondiendo su melancolía, y rostros felices exaltando su éxtasis.

Había detenido su camino solo esta noche, la mala noche, mi noche; donde se estremecía mi cuerpo de dolor y regocijo.

Los ojos color lluvia no existen, pero cualquier par de globos oculares pueden ser de lluvia. Tu lluvia cálida y paciente, la que anima y da fuerzas; o mi lluvia tormentosa y fría, la que trae incertidumbre y zozobra.


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