Pasados
años, meses y días de mi vida y siguiendo en el lodo adolescente del no
encajar, día a día llegan a mis oídos palabras como “si peleas con todo el
mundo, no es el mundo el que esta contra ti, eres tu quien está contra el
mundo”. Claro que estoy en contra del mundo! yo soy del inmundo, ¿cómo no
podría estar en contra de todo lo que es bello y bueno, si a mi lado solo hay
cosas horrorosas? Si yo soy una de esas cosas horrendas también y camino del lado de mas seres horripilantes,
que hablan maluco, mal viven, y llevan al extremo cada segundo de su existir.
No me
molesta el devenir de situaciones en las que me he visto involucrada por
persistir en la búsqueda de aceptación (dice mi psicóloga que la aceptación
viene de mi… bah!, trabajo pesado, como
si a los monstruos nos gustara esforzarnos), lo que me genera molestia es no
haberme acostumbrado a que seres como yo viviremos sin ser aceptados y
condenados al fracaso… Si y solo si no hay una rebelión, un ejército de seres
indeseados. Los que le coqueteamos a la vida y a la muerte, a los que estamos
en este mundo (inmundo) pero la parca nos fornica desde el otro lado.
Un ejército
de seres horribles, que tienen vidas iguales… verdugos de lo bello, con cuerpos
y mentes deformes, irascibles y violentos, con el yugo de los dedos
señaladores, moviéndonos como ratas entre las sombras y las cloacas. No será
difícil porque entre nosotros nos atraemos y nos agradamos… solo a ratos (me lo
han dicho varios).
Como aquel que
cuando le conocí meaba en una botella en su habitación para no tener que salir
a ver a las personas con quien vivía (solo quería echarse un meo); o la que en
las noches se cambia el nombre para que los hombres con los que se acuesta nunca
la encuentren en las redes sociales, pero termina agregándolos por que siempre
se enamora de todos… Un ejército de los que no se esconden (pero tampoco se
hacen notar), los que caminan solos sin miedo por la calle, los que se emborrachan
y no salen de casa, los marginados…
Mi pequeño
ejército de seres indeseados.

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